Se ha transformado en una característica de la vida moderna y que, según cifras de la OMS, afecta a 844.253 chilenos. En 2014 fue la principal causa de licencias médicas en la Región de Coquimbo y se estima que afecta a 300 millones de personas en todo el mundo. Tan alarmantes resultan las cifras que incluso, este año, la OMS decidió instalar a la depresión como tema principal para conmemorar el Día Mundial de la Salud.

El 7 de abril se celebra el Día Mundial de la Salud. Pero, hay un enemigo silencioso que está enfermando a millones de personas en todo el planeta sin distinguir edad, nación ni condiciones sociales. Provoca angustia y puede limitar incluso las actividades cotidianas más sencillas, causando dificultades para relacionarse con la familia y amigos. La depresión, en los casos más graves, puede provocar el suicidio, que actualmente es la segunda causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años de edad.

Según el informe “Depresión y otros Desórdenes Mentales Comunes”, presentado por la OMS a principios de este año, en Chile hay 844.253 personas mayores de 15 años que padecen esta enfermedad, es decir, el 5% de la población.

Desde el año 2005, la depresión en personas de 15 años y más pertenece al AUGE y según las cifras de la Superintendencia de Salud, desde esa fecha han ingresado más de 1 millón 60 mil casos a través de Fonasa y alrededor de 245 mil a través de Isapres.

En 2014, en la Región de Coquimbo se tramitaron 2.018 licencias por depresión, 632 por otros trastornos de ansiedad y 490 por estrés grave.

Mientras que en abril de 2016 la Organización Mundial de la Salud emitió un informe que situó a Chile como el país más depresivo a nivel mundial. Un primer lugar que no hace feliz a nadie.

Vida Moderna

En la Encuesta Nacional de Salud 2009-2010, el 17,2% de los mayores de 15 años en el país reconoció sintomatología depresiva, un mal que afecta principalmente a las mujeres y se estima que sólo el 25% de las personas que tiene problemas de salud mental está en tratamiento.

Tanto en Chile como en el mundo, la depresión se ha asociado a las exigencias de la vida moderna. “la patologías son más frecuentes en zonas urbanas que en las rurales, donde el ambiente es más tranquilo, menos agitado. Se sabe que en las ciudades ha ido aumentando progresivamente y es cada vez más precoz”, señala el psiquiatra Juan Carlos Méndez”. Puede tratarse de un síntoma, un síndrome o una enfermedad, siendo esta última la que requiere mayor cuidado.

De ahí la importancia de reconocer los signos de la depresión, que en términos simples, los especialistas describen como ‘tristeza vital’. “Lo más típico es que la persona se acuesta, se duerme rápido pero despierta en la madrugada con mucha angustia, opresión al pecho. Se acompaña de desgano que es la pérdida de interés por lo que antes le interesaba (pareja, hijos, trabajo, deportes) y falta de placer por las cosas. Se pueden agregar síntomas físicos como baja de peso, anorexia y baja energía. Puede presentar indecisión, sentimientos de culpa, que incluso pueden llevar al suicidio”, indica el académico del programa de especialidad de Psiquiatría en Adulto de la Universidad Católica del Norte.

En cuanto a las causas, los expertos señalan que pueden ser múltiples: orgánicas (causas médicas que pueden provocar una depresión como enfermedades endocrinas, cáncer etc); biológicas (cambios hormonales, alteraciones en la regulación de los neurotransmisores como la serotonina, la noradrenalina y la dopamina, además del componente genético); psicosociales (circunstancias estresantes en la vida afectiva, falta de trabajo, muerte de un cercano).

Independiente del origen, lo importante es siempre buscar ayuda. A juicio del especialista es trascendental el apoyo del entorno: “Lo básico es la contención, poder escuchar, compartir. Con frecuencia la gente, en lugar de escuchar, critica. Es conveniente escuchar los temores, preocupaciones, y ser en lo posible un apoyo”. En esta línea tienen gran efectividad los grupos de autoayuda. “Es un espacio de contención, donde la persona se siente identificada, donde puede compartir sus inquietudes y donde siente que no le pasa sólo a él. Ver a gente que ha pasado por lo mismo y se ha recuperado es un aliciente”, precisa Méndez.

Pero si esa red no es suficiente, es necesario pedir ayuda profesional. Si se trata de una enfermedad depresiva la combinación de fármacos y terapias va a tener mejor resultado ya que la terapia actúa a nivel mental y los fármacos a nivel biológico.

Depresión Infantil

Solemos asociar la depresión a los problemas y complicaciones propias de la vida adulta, a tener estrés, a sentirnos agobiados por el trabajo y el aumento de tareas y responsabilidades.

Antiguamente, se pensaba que los niños eran incapaces de sentir dolor psíquico. Es más, recién en la década de los 70 la comunidad científica reconoció la depresión infantil. Hoy, sin embargo, la depresión en niños y adolescentes es un problema cada vez más común. De hecho, la psiquiatra infanto-juvenil Emilia Monsalve ha notado un incremento progresivo de las consultas en los últimos años.

Un hecho preocupante, pues “han aumentado los factores de estrés psicosocial, los colegios son más exigentes, hay más violencia, más presión por logros, los padres exigen más a los niños, hay un estilo de vida donde los padres están preocupados muy preocupados del trabajo y todo eso los afecta”, precisa la docente de la Facultad de Medicina de la UCN. Como cuadro clínico, además, ha detectado que aparece a edades más tempranas. Por eso, si aún no han desarrollado el lenguaje le especialista recomienda observar a los pequeños: “Se van a poner más apáticos, va a disminuir la capacidad de disfrutar con los juegos, se empiezan a aislar, se ponen irritables. Además, los niños pequeños somatizan. Podemos decir que con la depresión duele el alma, entonces, tienden a tener más enfermedades físicas porque se les bajan las defensa, se les puede caer el pelo, puede dejar de controlar esfínteres”.

En tanto, en adolescentes, la depresión también ha registrado un aumento. En Chile, incluso, el suicidio es la tercera causa de muertes entre los jóvenes.

Al respecto, la psiquiatra afirma que “es un mito urbano pensar que la adolescencia es una etapa triste. Los adolescentes no son ni tristes ni amargados. Un adolescente normal es choro, integrado. Cuando está aproblemado, no está bien. Es más inestable anímica y emocionalmente, pero no está permanentemente mal ni irritable”.

Tanto en niños como adolescentes, si los cambios conductuales persisten por más de dos semanas es importante recurrir a un especialista. Dependiendo de la gravedad, se indicará psicoterapia, uso de fármaco o ambos tratamientos.

La depresión provoca tal nivel de estrés biológico que las neuronas disminuyen, hipotecando desarrollo cognitivo del menor. “Lamentablemente hay muchos sectores que han satanizado el uso de psicofármaco, y los padres tienen mucho prejuicio frente a su uso. Pero bien usados, dan buenos resultados y previenen todas las complicaciones asociadas”, señala Monsalve.

De ahí la importancia de seguir un tratamiento integral, pues si cambia la manera de enfrentar el mundo, cuando se exponga a otro factor estresor el niño o adolescente tendrá las herramientas para enfrentarlo.

En busca de sentido

Se trate de niños o adultos, la vida moderna impone como gran desafío cambiar nuestro estilo de vida.

A juicio de la doctora Monsalve la recomendación entonces es “volver a los hábitos de vida saludable: cuidar los horarios de sueño, cuidar la alimentación, incentivar los deportes y hacer vida en familia, mejorar la comunicación y, en el fondo, fortalecer nuestros vínculos”, sentencia.

Idea que también refuerza el doctor Méndez: “Ojalá todos tuviéramos una vida con sentido. Poder disfrutar lo que tenemos y no sufrir por lo que no, porque las necesidades van a ser infinitas. Llevar una vida saludable, tener un buen ambiente de trabajo, tener rutinas de vida que sean saludable como la actividad deportiva, un buen reposo, actividad deportiva, comer bien, tener grupos de referencia. En el fondo, tener un trabajo con sentido, familia con sentido, amistades con sentido, autoestima con sentido y tampoco dejar de lado la vida espiritual, en el fondo, confiar en algo que va a permitir tener la fuerza para superar las dificultades”.

La clave entonces es volver a lo esencial. Un ejercicio simple y a la vez complejo. Una invitación para volver a disfrutar y volver a ser feliz.