Por Muriel Ramirez Santana

Mientras hay hospitales públicos colapsados e incapaces de absorber la demanda de atención de la población beneficiaria del seguro público de salud Fonasa, el sistema privado, donde operan las Isapres y prestadores –como clínicas, centros médicos y laboratorios– están bastante más lejos de colapsar y siguen proliferando con profesionales vinculados que se enriquecen. Ante este escenario, es evidente que la salud en Chile es un negocio que crece y se potencia.

Pero esto no es así en todo el mundo: los sistemas de la mayoría de los países desarrollados se basan en una definición de política sanitaria en la cual la salud es considerada un derecho humano y no un bien de consumo.

ISAPRE o FONASA: ¿podemos elegir?

Los chilenos podemos decidir dónde abonar nuestro 7% de sueldo obligatorio para salud, pero en la realidad no se garantiza como una “opción”: el 76.4% de los chilenos está en Fonasa, o sea, 13,4 millones de ciudadanos. El problema radica en que este grupo de personas obtiene por lo general salarios bajos y/o directamente son pensionados, realidad que genera un primer filtro de entrada para las Isapres, es decir, no pueden “optar” por su seguro.

Atención pública, el hilo más fino

Se espera que la Atención Primaria (APS) resuelva la mayoría de los problemas de salud de la gente. Sin embargo, el pobre financiamiento de la APS, los bajos sueldos, la escasez de personal capacitado, la alta rotación y bajo uso de tecnología, aumenta la desmotivación de los funcionarios. No se realiza el trabajo esperado en prevención, se aplica parcialmente el modelo de salud familiar y hay baja capacidad de resolver los problemas.

Los pacientes se agudizan y llegan al servicio de urgencia de un hospital con poco personal, casi sin recursos y endeudado. A esto se suma la falta de médicos especialistas, y el hospital, por tanto, debe resolver: deriva sus pacientes al sector privado y cubre turnos vía “compra de servicios”, con un costo muchísimo mayor al pago que significa el personal contratado.

La urgencia colapsa, porque no hay camas para hospitalizar más gente. La población aumenta, no así la infraestructura ni recursos humanos y los hospitales se endeudan. ¿Por qué?, la cobertura que paga Fonasa por las atenciones que realizan los hospitales no es suficiente para cubrir el costo de algunas de esas prestaciones: por ejemplo, por cada $1000 pesos que el hospital debe costear, Fonasa le entrega $700, por lo tanto, siempre están en déficit.

Necesitamos un cambio profundo, no solo en la eficiencia de la gestión, sino también en el financiamiento del sistema de seguro de atención de salud y para todas las personas, independientemente de su situación contractual y como un derecho fundamental. Necesitamos observar y considerar nuevas soluciones a partir de experiencias, innovación, investigaciones y participación directa de los actores relacionados. Para eso trabajamos como Sociedades Científicas y como Instituciones Formadoras en Salud Pública, buscando sentar las bases para un análisis y reformulación de nuestro sistema de Salud.

Fuente: El Mostrador